lunes, 3 de febrero de 2014

Brillos de la azotea - Raúl Campoy


La Asociación del Diente de Oro traslada el ciclo Brillos de la azotea a la sala La Expositiva (C/ Cárcel Alta, 7) y lo hace con una lectura de lujo, un poeta que llega desde Madrid para presentar con nosotros su último poemario. Retrasamos el comienzo una hora, para que la noche sea mucho más intensa.




Raúl Campoy Guillén



Lunes, 10 de febrero de 2014
22 horas



Presenta: Ángeles Mora



Raúl Campoy Guillén (Madrid, 1978). Ha publicado: Los dientes del reloj (Ed. Atlantis, 2008) y Donde casi amanece (Ed. CELYA. 1ª edición 2010, 2ª edición 2012). Sus dos libros han sido seleccionados en listas (Qué leer, Madrid Press…) de los libros más destacados de poesía del año en que salieron (2008 y 2010). Recientemente, acaba de salir su tercer libro Etanol Mortis (Olifante Ediciones, 2013). 
Ha sido seleccionado como uno de los ganadores en el III Certamen del Día Internacional de la Poesía en Segovia 2012. Ha sido el ganador del Premio de Poesía Internacional “Sacra Leal Domínguez” 2012. Ha sido publicado en numerosas revistas de ámbito nacional e internacional, así como en numerosas antologías españolas y extranjeras. A nivel internacional, ha participado en el XV Festival Internacional de Poesía de La Habana (Cuba); en el Festival Internacional de Poesía de Copenhague (Dinamarca) 2011; en el V Encuentro Internacional de Literatura Tres Orillas en Canarias; en el VI Festival Internacional de Poesía, Palabra del Mundo y en el Festival Internacional de Lima, FIPLIMA (Perú) 2013. 
Sus poemas han sido traducidos al danés, al árabe y al inglés.






Y para abrir boca un poema de su último poemario, Etanol Mortis (2013):



Y por qué te buscó el hombre,
y por qué te encontró.

Estabas escondido en el mundo.
¿Te avergonzabas de ti mismo?
Preferiste quedarte en la uva,
latente como un sexo en la oscuridad.
¿Acaso no estabas ya en nuestro cerebro?
¿No permanecías ya en nuestro cerebro?
¿No es nuestro cerebro una lejanía indecisa?
¿Por qué el cerebro no se ocupa de sí mismo
y va más allá de sí mismo
sin respeto a sí mismo,
sin respeto a lo que piensa por sí mismo?
¿Acaso un árbol no piensa por sí mismo
y se aprieta en su madera para ser en sí mismo
y se retuerce en su madera para sacarse aún más de sí mismo
y crecen sus ramas pidiendo paso al tiempo
con educada lentitud y así ganar esa identidad
que descontractura al mismo sol?
¿De dónde se sacó el cerebro el pensamiento?
¿Pensabas que pensabas?
¿Te creíste a ti mismo pensando?
¿Y no te has quedado ya solo en el pensamiento,
en su movimiento constante hasta oír
el gemido del vértigo,
hasta oír el gemido del gemido del vértigo?
Necesitabas el vino.
Para no pensar
o pensar como un domingo fuera del calendario.
Necesitabas volcar los árboles, besar
una valla helada,
hacer latiguillos con la geometría,
gritar impar en un colegio uniformado.
                     Necesitabas el vino
pero al final te quedaste también
pensando en el vino.
Pensar en la ebriedad no es menos triste
que una ubre tardía.

Así hemos llegado hasta aquí
porque así hemos querido.
Beber sin pensar es ser con más certeza
que beber pensando lo que bebes.
Y quien piense lo contrario
es porque solamente está pensando.

La naturaleza es intuitiva y por eso es perfecta.

Bella montaña,
eres mi única libertad desprovista de libertad.
Giras en mi corazón
los buitres últimos del atardecer.


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